Crece el conflicto del Delta . Destruyen muelles de las nuevas islas

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Guerra en el Delta


Destruyeron muelles del hombre que vende las nuevas islas

Fuente: LA NACION

El conjunto de islas que se expanden frente a la ribera norte , es una de las zonas más codiciadas por su cercanía a las costas de San Isidro

El grupo de pobladores que vive en estas islas, justo antes del Río de la Plata, se despertó hace días  con ruido de lanchas y sierras eléctricas. Embarcaciones de la Prefectura Naval y de la Policía de Islas bloquearon los extremos del arroyo Anguila mientras una cuadrilla comenzaba a desmontar los muelles.

En el operativo se demolieron 15 muelles, por parte de la municipalidad de Tigre,  “Esos muelles son ilegales”, aseguró Mario Zamora.

Los lugareños que  trataron de acercarse para impedir y documentar el trabajo fueron disuadidos por la fuerza. Algunos se encadenaron a sus muelles para evitar el avance de la grúa flotante sobre las construcciones. “Fue horrible, violento y espantoso”

 

La comunidad de estos nuevos isleños está integrada por artesanos, artistas, ambientalistas y desencantados de la vida urbana.
Tienen un perfil distinto a la de los históricos habitantes del Delta. “Ecochetos” u “okupas VIP”,  los llaman los funcionarios que intentan sacarlos.

La ordenanza con la que avanzó la municipalidad de Tigre en la destrucción de los muelles argumenta que dañan el medio ambiente y dificultan la navegación.

 

Discutida por los isleños, fue la forma que encontró la municipalidad de Tigre para poder accionar sin necesidad de la orden de un juez, buscando detener la ocupación ilegal de estas tierras.

Zamora y un grupo de isleños se reunieron  por Zoom hace unos días. “El encuentro arrancó tenso, pero terminó cordial”, explican los nuevos isleños. Zamora les explicó que los operativos para desmontar muelles seguirán, pero que, por ahora, no avanzarán contra las casas que ya están habitadas. No porque no quiera, sino porque no puede. “Necesitaría una orden judicial”

 

Eduardo Venencio, más conocido como “El Rulo“, es un isleño tan controvertido como famoso en la zona. Con 54 años, es el jefe de la familia que hace décadas vive y trabaja en este sector del Delta. Tiene 15 hermanos y 11 hijos de cinco mujeres.

 

Él es quien cedió la posesión  de los terrenos argumentando que la larga estadía de su familia en el lugar le da derechos. También al frente de una cuadrilla de 30 operarios  construye los muelles y las casas. Sin embargo, Venencio nunca inició el reclamo legal de usucapión, la figura contemplada por la ley argentina que otorga derechos de posesión a la ocupación pacífica, ininterrumpida y con mejoras de un terreno.

El Conflicto

“Cede derechos que no tiene”, dice Zamora sobre Venencio.
“De acá me van a sacar con las patas para adelante”, dice Venencio , “ Cuando esto pase le  construiré de nuevo los muelles a los damnificados. Yo no cagué nadie, se los voy a hacer gratis”.

Su negocio de cesión de derechos y construcción de muelles comenzó hace siete años y nunca dejó de crecer. Dice que le corresponden 130 hectáreas de tierra, de las que ya otorgó  80 terrenos y aún le quedan 50.

Por 150.000 pesos “cede derechos posesorios” de terrenos de 25 metros de frente por 30 de fondo,  incluyendo el muelle.

La transacciónse realiza  en una oficina de San Isidro, donde un escribano certifica las firmas de un documento que queda como única prueba del trámite.

Venencio ya había tenido algunos encontronazos con la municipalidad de San Isidro, cuya jurisdicción abarca una pequeña porción de los terrenos y no lo dejó avanzar, pero nunca había tenido problemas graves con Tigre, donde se encuentra gran parte de su área de influencia.

Su expansión territorial se volvió demasiado notoria y generó la reacción del municipio de Tigre. Con la eliminación de los muelles, pretenden marcar un límite. “Es una zona de protección ambiental y queremos cuidarla”, dice Zamora.

Historia de Venencio 

Él se crió cortando y comerciando juncos y comiendo lo que le ofrecía la naturaleza, pescados, nutrias,  y gaviotas. Pasó apenas un par de meses por la escuela y trabajó de sereno, cavando pozos ciegos, vendiendo la madera de los sauces que plantaba y como instructor de vela en los clubes náuticos.

Luego comenzó su aventura inmobiliaria. Los sauces que plantó consolidaronlos terrenos bajos y ayudaron a la acumulación de tierra, levantando la cota , haciendo habitable la zona. Ya plantó 42.000 árboles, y también cavó zanjas que ayudan a secar los terrenos y draga los canales. Ese trabajo, además de la larga presencia de su familia, es su principal argumento en el eventual pedido de usucapión que dice que empezará pronto.

Su territorio está a minutos de San Isidro y se expande. El proceso natural de sedimentación, ayudado por la acción del hombre, hace que la frontera sur del Delta se corra. El frente del Delta avanza 60 metros por año. La de Venencio es tierra que crece, el sueño de cualquier desarrollador inmobiliario.

Los  isleños desconfían de las intenciones de la municipalidad de Tigre y dicen que detrás de la embestida hay intereses económicos , aunque Zamora niega cualquier relación con el emprendimiento, y con Hugo Schwartz, desarrollador de Colony Park, en juicio y con el desarrollo frenado.

Ya existe un barrio privado desde 1995, Santa Mónica. Con 50 casas, pileta, cancha de tenis y embarcadero privado, comparte una tensa vecindad con los nuevos isleños.

“A nosotros nos sacan los muelles por supuesto daño ambiental y en Santa Mónica se pasean con carritos de golf en calles asfaltadas”, se queja uno de los isleños.

Alertados por el operativo de la municipalidad, la comunidad de nuevos isleños se reunieron en asambleas que juntó a 60 personas. Todos ellos le compraron los supuestos derechos de posesión y el muelle a Venencio.

Muchos le agradecen a Venencio la posibilidad de escapar de la civilización y establecerse en un vergel de arroyos sinuosos y árboles que se inclinan sobre el agua, pero temen perder lo que construyeron.
Esta comunidad tiene un marcado compromiso con el medio ambiente, sus  casas son livianas, de madera y chapa, se integran al paisaje, se abastecen con paneles solares y tienen biodigestores para tratar los desechos orgánicos.

En uno de los arroyos, al que bautizaron el Mágico y está encapotado por tupidos árboles, compraron terrenos para hacer una reserva ecológica. También montaron una plataforma de pasarelas de madera sobre el humedal con espacios para ferias artesanales y teatro comunitario. Sus intenciones conservacionistas, sin embargo, se chocan con el andamiaje legal que sostiene su presencia en la zona.

“Es como si, con el argumento de que son ambientalistas, hubieran construido una cabaña en el parque nacional del Chaltén “, dice Zamora.
Los nuevos isleños, mientras tanto, resisten. “Es cansador, pero siento que mi misión es cuidar el humedal”, retruca Sebastián, músico.

 

 

 

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