Las orcas acosan a veleros “en protesta” por haber sido agredidas


Las orcas que este verano han ‘acosado’ a veleros pequeños en el Estrecho -al menos en 69 ocasiones, de las cuales 30 precisaron remolque por perder el timón- habían sido previamente objeto de ataques y arponazos.

Este peculiar comportamiento de las orcas se da del Estrecho de Gibraltar y sus alrededores.

Estos eventos de acoso han provocado que se haya prohibido navegar a veleros de hasta quince metros en la Ensenada de Barbate , Cádiz , hasta el 7 de septiembre para evitar situaciones de riesgo, ya que los cetáceos parecen haberse especializado en romper el timón de estas embarcaciones, dejándolas a la deriva, con los consiguientes riesgos.

Ese  inédito comportamiento de las orcas, animales  extraordinariamente inteligentes y empáticos, es una respuesta a los ataques que sufrieron el verano pasado y han seguido sufriendo este verano.

Se comprobó  que hay orcas con heridas, con cicatrices, y alguna que había sido arponeada con un bichero , episodios  repetidos durante  este verano.

No atacan, solo “protestan”

Las orcas, que pueden llegar a pesar hasta cinco toneladas y media, no atacan a los veleros, a los que fácilmente podrían hacer naufragar porque “son muy listas y saben que podemos matarlas”.

Por eso los contactos que este verano se han hecho tan frecuentes y que hasta el año pasado prácticamente no se habían dado, los interpreta como “una protesta” de los animales.

Las orcas sólo han contactado con veleros pequeños, que llevan la hélice delante y muy separada del timón, lo que les permite morderlo sin riesgo e inutilizar las embarcaciones.

Se recomienda en caso de contacto con orcas, dejar el timón quieto y alineado con el casco del barco, detener la embarcación plegando velas y parando la máquina y no asomarse por la borda ni gritar.

Cuando el año pasado se puso fin al confinamiento por el covid-19, numerosos veleros salieron con permiso para efectuar la pesca deportiva del atún y como las orcas, desde los años de la escasez del atún, cuyos bancos ahora están recuperados, aprendieron a disputárselos arrancándoselos del sedal, recibieron estos ataques por parte de los tripulantes de algunos veleros deportivos.

Históricamente,  las orcas y los hombres han convivido y hasta han colaborado en la pesca del atún, ya que cada primavera, cuando los bancos de atún llegan al Mediterráneo, las orcas los acorralan y los empujan hacia las tradicionales almadrabas gaditanas que los pescan mediante este arte milenaria.

La orca nada a 50 kilómetros por hora y el atún puede hacerlo a 90, por lo que el cetáceo, para darles caza, se organiza en grupos que los acosan y los cercan.

La orca ibérica, catalogada en peligro de extinción, posee en la actualidad en el Estrecho, cinco grupos con un total estimado de unos cincuenta miembros.

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