Virgin Atlantic Challenger II . A la venta el barco de Richard Branson que cruzó el Atlántico en tres días

En la década de los 80, echarse al mar con cualquier cosa que flotara para cruzar un océano lo más rápido posible era una aventura de locos. El multimillonario Richard Branson fue uno de aquellos hombres y mujeres que aceptaron el desafío. Pero el fundador de Virgin no optó por ser el más veloz a bordo de una embarcación a vela, sino en un yate a motor ultramoderno. En 1986, el Virgin Atlantic Challenger II devoró el Atlántico en 3 días, 8 horas y 31 minutos, convirtiéndose en una de las maravillas de la ingeniería naval de la época. Pese a su magistral registro, Branson nunca recibió el trofeo Blue Riband que perseguía al incumplir las reglas del juego y el barco pronto cayó en el olvido. Hoy, 30 años después de su botadura, sigue a flote, listo para navegar y en busca de nuevo dueño.

Una vez finalizado el reto, que usó para promocionar su aerolínea Virgin Atlantic Airways, el magnate vendió el barco a un sultán y posteriormente éste fue pasando por diferentes manos hasta que se le perdió la pista. No fue hasta 2013 cuando fue hallado en las instalaciones mallorquinas de STP. El Virgin Atlantic Challenger II llevaba allí, en tierra firme, siete años en estado de abandono. Dan Stevens, un empresario británico, fue quien descubrió la embarcación de 22 metros de eslora y decidió recuperarla. “Stevens no podía soportar verla languidecer”, explica Brian Thornton, de Performance Marine, empresa encargada actualmente de la venta.

Tras la compra el nuevo propietario trasladó el yate a Plymouth (Inglaterra). De adolescente, Stevens había seguido las aventuras y desventuras de Branson en el Atlántico y pensó que sería buena idea adecentar la embarcación para introducirla en el mercado del chárter. Además de poseer una reliquia, haría negocio alquilándola a curiosos, nostálgicos y extravagantes.

Sin embargo, Stevens ha tenido que volver recientemente al mar como capitán, por lo que ha colgado el cartel de ‘se vende’ antes de lo previsto, “después de poco más de 80 horas de navegación por la costa inglesa”, asegura Thornton.

Richard Branson encargó el Virgin Atlantic Challenger II al astillero inglés Brookes nada más naufragar en la costa sudoeste de Inglaterra en 1985, durante su primer intento de cruzar el Atlántico. Doce meses después, el nuevo barco estaba listo para navegar. En esta ocasión, logró batir el récord del gran charco en dos horas menos del tiempo que empleó en 1952 el defensor del Blue Riband Transatlantic Challenge, el SS United States. Pero el empresario no recibió el trofeo al incumplir dos reglas: parar para repostar y usar una embarcación que no tenía fines comerciales.

Branson se reencontró con su máquina tragamillas y su tripulación en 2014, una reunión que sirvió para escuchar de nuevo el rugido del Virgin Atlantic Challenger II mientras completaba una travesía de unas 60 millas de millas de distancia. “Me encanta el Challenger II no sólo porque es un barco precioso, sino porque nos dio una base para desafiarnos a nosotros mismos, llevarnos al límite y abrazarnos al espíritu aventurero. Espero que quien lo compre esté dispuesto a hacer más exploraciones en alta mar”, recuerda sobre la última vez que navegó en él.

En la actualidad el yate sigue presumiendo de 4.000 caballos de potencia con los que alcanza los 50 nudos de velocidad incluso en aguas revueltas. Hasta 12 personas pueden disfrutar a bordo de este trozo de historia flotante en el que entrar en su interior es una experiencia similar a un viaje en el tiempo. Ver los asientos, los sistemas analógicos, tanto botón, tanta palanca evoca casi sin querer a la película Regreso al futuro o la serie El coche fantástico.

Thornton asegura que al Virgin Atlantic Challenger II, por el que Richard Branson desembolsó en su día 1,5 millones de libras, tan sólo le hace falta sacarlo del agua y aplicarle antiincrustante para que luzca en todo su esplendor. El precio de venta está fijado en torno a 650.000 libras, unos 720.000 euros al cambio actual. Es lo que cuesta poseer un barco mítico que resurgió para volver a surcar los mares.