Transforman el barco de Peter Blake y Sir Robin Knox-Johnston para dar una vuelta al mundo sin una gota de combustible fósil

El catamarán que en 1994 conquistó el Trofeo Julio Verne volverá a circunnavegar el planeta
Navegará durante seis años (2017-2022) “para descubrir y compartir soluciones concretas para el desarrollo sostenible”, visitando 50 países y realizando 101 escalas
Cuando no haya viento ni sol el barco empleará hidrógeno, producido y almacenado por dos motores eléctricos mediante un sistema de electrolisis

Las leyendas de la vela, el neozelandés Peter Blake y el británico Sir Robin Knox-Johnston, unieron sus fuerzas para conquistar el Trofeo Julio Verne, es decir, para tratar de ser la tripulación más rápida de la historia en completar una circunnavegación sin pisar tierra firme. Batieron el récord en 1994, en su segundo intento, tras 74 días de navegación extrema a bordo del catamarán ENZA New Zealand. Una vez finalizado el desafío, la embarcación fue cambiando de manos y siguió surcando los mares hasta que en 2010 volcó en el Atlántico Norte. Fue recuperada y transportada a la costa de Bretaña, donde permaneció atracada durante años. Pero cuando más languidecía, el multicasco recibió la oportunidad de dar otra vuelta al mundo, esta vez transformado en el primer barco que sólo emplea energías renovables e hidrógeno para devorar millas.

El catamarán de Blake y Knox-Johnston se llama en la actualidad Energy Observer (aunque aún no se ha celebrado la botadura) y, a diferencia del 90% de las embarcaciones, no gasta ni una gota de combustible fósil para navegar. Los miembros del proyecto ultiman en un astillero de Saint Malo (Francia) la puesta a punto del barco, de 30 metros de eslora y consruido en 1983, cuya misión es dar la vuelta al mundo en los próximos seis años (2017-2022) “para descubrir y compartir soluciones concretas para el desarrollo sostenible”, visitando 50 países y realizando un centenar de escalas.

Jerome Delafosse y Victorien Erussard, junto al catamarán. | Pierrick ContinJerome Delafosse y Victorien Erussard, junto al catamarán. | Pierrick Contin
Para montar este laboratorio flotante, inspirado en el avión ‘Solar Impulse 2’, lo primero fue desembolsar 500.000 euros por el legendario catamarán y lo segundo, rediseñarlo y completar diversos trabajos de remodelación y mejora. Actualmente la actividad en el astillero se centra en la cabina y en el montaje de los sistemas de navegación y de los generadores de energía.

El Energy Observer, de 28 toneladas de desplazamiento y una manga de 12,8 metros, avanzará gracias a tres paneles fotovoltaicos (con una superficie de 130 m2) y a dos turbinas eólicas. Cuando no haya viento ni sol el barco empleará el hidrógeno, producido y almacenado por dos motores eléctricos mediante un sistema de electrolisis, que descompone el agua en hidrógeno y oxígeno. También estará equipado con diferentes sensores para analizar el estado de salud de los océanos.

Foto: Pierrick Contin.Foto: Pierrick Contin.
La embarcación, así como sus generadores de energía, fue rediseñada por un grupo de arquitectos navales y por el CEA-Liten, Laboratorio de Innovación de Nuevas Tecnologías Energéticas de Grenoble. Más de 30 personas están involucradas en el proyecto que lideran Victorien Erussard, oficial de marina mercante, y el explorador y documentalista Jerome Delafosse. El proyecto comenzó a tomar forma el año pasado, si bien no ha sido hasta hace unos meses cuando éste fue presentado en sociedad.

En total, el presupuesto para construir el catamarán y completar la circunnavegación supera los 4 millones de euros y si bien todavía no se ha conseguido cubrir toda la financiación, el próximo invierno será botado para que lleve a cabo las primeras pruebas de navegación.

Pionero Bubi Sansó
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Este proyecto recuerda mucho al que presentó el navegante español Bubi Sansó para disputar la Vendée Globe de 2012, la regata de vuelta al mundo en solitario y sin escalas. Su barco, el Acciona, también llevaba a bordo baterías de hidrógeno, motor eléctrico, pieles fotovoltaicas, hidrogeneradores y aerogeneradores.

Obviamente, el velero español debía ser propulsado por el viento, pero era la primera vez que se intentaba completar una vuelta al mundo sin consumir una gota de combustible fósil. Y es que los barcos de regatas oceánicos emplean mucha electrónica en los sistemas de navegación y comunicación. El motor (diésel en la mayoría de los casos), por ejemplo, aporta energía a los hidráulicos de la quilla pivotante. Por tanto, el motor era, hasta que nació el barco de Acciona, el principal proveedor de energía a bordo.

El desafío del regatista mallorquín se hizo añicos cuando apenas restaba unos días para regresar al puerto de Les Sables d’Olonne y tras salir airoso de las aguas más remotas y peligrosas del planeta. En el Atlántico, a 500 millas del oeste de Madeira y a 360 millas del sur de las islas de San Miguel, el Acciona perdió su quilla y acabó volcando. Sansó pudo sacar la balsa salvavidas, donde tuvo que esperar 12 horas hasta ser rescatado.

Pese al dramático incidente, el Acciona se convirtió en la primera embarcación alimentada con energía ecoeficiente (energía eólica, hidrodinámica y solar) que dio la vuelta al mundo sin hacer escalas, ya que días antes del accidente cruzó por el mismo punto por el que pasó semanas antes en su descenso hacia el Sur, con lo que ya había circunnavegado el mundo tras un recorrido teórico de 20.200 millas (37.431 km).