Sailing Yacht A , el nuevo gigante de los mares

El Sailing Yacht A, que con sus 142,8 metros de eslora es el velero privado más grande jamás construido, realizó el fin de semana pasado su primera prueba de navegación a vela en el mar Báltico. La imagen del mastodóntico barco, encargado por el magnate ruso Andrey Melnichenko y diseñado por Philippe Starck, abriéndose paso en aguas de Kiel entre la niebla espesa añadió más espectacularidad y misterio a un proyecto cuyo presupuesto se estima entre 300 y 450 millones de euros. Varios medios de comunicación han llegado a publicar que, debido a sus dimensiones colosales, la embarcación podría quedar atrapada en el Báltico.

El Daily Mail abrió fuego al asegurar que el Sailing Yacht A no podría salir del mar interior porque el puente de Öresund, que conecta Dinamarca y Suecia, tiene una altura de 57 metros, mientras que los mástiles superan los 90. Algunos periódicos europeos no tardaron en hacerse eco de la supuesta pifia (gastarse varios cientos de millones de euros en un barco que se quedaría atrapado en el Báltico por ser demasiado grande) hasta que un portavoz del propietario calificó la noticia de “ridícula” e “irrisoria”.

“Sailing Yacht A cruzará a través del estrecho de Drogden, donde el calado máximo es de 8,3 metros”, explicó el portavoz de Melnichenko en la publicación especializada Boat International. “Aunque ha sido diseñado para tener un calado de ocho metros cuando está totalmente cargado, el barco navega en condiciones de carga ligera a 7,5 metros”, esgrime. El diario sensacionalista británico también sostenía que el aeropuerto de Copenhague-Kastrup tampoco permitiría el paso del A, si bien basta coordinarse con la torre de control 24 horas antes del inicio del paso. Pese a los desmentidos, nadie duda de que la salida del Báltico será un reto extraordinariamente complejo para ingenieros y tripulantes.

Las especulaciones y las polémicas respecto al barco comenzaron desde el mismo momento en que éste comenzó a tomar forma, en 2011, en el astillero alemán Nobiskrug. Hace un año, en una de las primeras ocasiones en que el Sailing Yacht A salió al exterior de las instalaciones, algunas fotografías y vídeos mostraban uno de los mástiles con lo que parecía un apaño tras una rotura. Muchos se preguntaban si existía un problema estructural, si los palos eran demasiado grandes para resistir tanta carga. Desde la constructora naval optaron por mantener la confidencialidad firmada con el cliente.

Para que los 142,8 metros de eslora por 25 de manga sean propulsados por el viento, hubo que construir mástiles de 90 metros capaces de soportar 3.700 metros cuadrados de superficie vélica. La torre del Big Ben de Londres es el elemento arquitectónico preferido para comparar el tamaño de los palos. Estos son tan grandes que en uno de ellos se ha ubicado un camarote con vistas no aptas para pasajeros que sufran vértigo.

El aparejo es sin duda uno de los elementos más delicados del megavelero. Se trata de un proyecto llevado a cabo por una alianza de grandes especialistas: el diseño de las velas, del aparejo y la ingeniería proceden del estudio holandés Dykstra Naval; la inglesa Magma Structures se ha encargado de los mástiles; la empresa de Valencia Futures Fibres, de las botavaras y la estadounidense Doyle Sails ha fabricado las velas.

A falta de unos meses para que el astillero realice el acto de entrega del Sailing Yacht A a su propietario, a principios de 2017, los trabajos se intensifican en los Astilleros German Naval de Kiel, donde el velero llegó a medio construir ante la falta de espacio en Nobiskrug. Dicen que se están empleando tecnologías y técnicas nunca vistas en la construcción de barcos.

Poco a poco se van desvelando los misterios de qué hay a bordo de ese fasto náutico. Por ahora ha trascendido que el casco está construido en acero con refuerzos en fibra de carbono, que tiene ocho cubiertas enormes con helipuerto incluido y que el propio Andrey Melnichenko participó en la fase de diseño junto a Philippe Stark. Puede que fuera el propio multimillonario quien ideara un salón en la misma línea de flotación para que disfrutar de vistas panorámicas submarinas o quien reservara un espacio en las entrañas del velero para un submarino.

Cuando no navegue a vela la propulsión correrá a cargo de dos motores MTU diésel de 3.600 kW y otros tantos eléctricos de 4.300. El velero navegará a una velocidad de crucero de 16 nudos, con una máxima de 22, y tendrá una autonomía de 5.300 millas.

Mientras espera poder disfrutar de su nuevo juguete, Melnichenko sigue buscando comprador para su yate a motor ‘A’, que también lleva la firma de Starck. Se estima que el magnate ha desembolsado cerca de 800 millones de euros por ambas embarcaciones. El ruso, de 44 años y cuya fortuna supera los 10.000 millones de euros gracias a sus negocios en empresas de producción de fertilizantes (EuroChem), de carbón (Suek), de tuberías (TMK) y, sobre todo, en el banco MDM Bank, siempre ha apostado por navegar en diseños futuristas y excéntricos. Y lo está consiguiendo, aunque algunos critican que estéticamente son aberraciones flotantes.