Instrucciones para invitar a una dama a navegar

Instrucciones para invitar a una dama a navegar

Instrucciones para invitar a una dama a navegar

Manual para no meter la pata si usted es un armador y quiere utilizar su barco para ligar

Por JUAN MERAYO de Gaceta Nautica.

La navegación a vela es una actividad que afortunadamente tiene muchas facetas. El común denominador es nuestro barco, que nos sacará de las adversidades y también puede presentarnos interesantes posibilidades como, por ejemplo, hacer un convite para halagar señoras. Pero cuidado, esta faena tiene su técnica especial y cualquier error puede terminar en catástrofe.

Todo comienza alardeando ante alguna señora y, por qué no, señorita, sobre nuestra actividad náutica, llena de peligros y aventuras en el mar. Superada la etapa de pavoneo y si las cosas avanzan, tal vez se quiera dar un paso más y cometa la audacia de preguntarle si quiere acompañarnos a navegar, aún sabiendo que ella solo conoce los Ferrys de Baleària.

Cuando en el mejor de los casos la ingenua o aventurera acepta la invitación y quedando descartada como opción  el comer pescaditos fritos en el chiringuito de la playa mirando los barcos (que no falla jamás), vamos a ver punto por punto las ventajas y desventajas de la heroica decision. A su favor está que a comer la puede invitar cualquier elefante, pero a navegar solo los elegidos, como nosotros.

La meteorolgía es un factor que puede hacer de la salida un éxito o convertirlo a usted en el capitán Ahab, por lo que si tiene que abortar la misión por marejada o vientos arrachados, hágalo anticipadamente sin dar explicaciones y trasluche al bingo, que siempre están abiertos, por poner un ejemplo.

Detállele con precisión las prendas de vestir más cómodas para navegar, si hace sol o fresquito, no sea que venga con falda angosta y tacones.

Nunca haga progamas de navegación nocturna. Las escenas romáticas en el mar solo salen bien en los films de Hollywood de la década de los cuarenta. Quédese amarrado y tome champagne en la bañera y café en la cabina, siempre en ese orden; ponga ese viejo cassete de «serenata a luz de la luna» de Glen Miller y la felicidad estará asegurada.

Al menor síntoma de mareo de la dama, no lo piense, ponga proa a puerto a toda máquina, olvídese de las velas. No trate de «amenizar» con eso de mirar el horizonte y otras recetas que jamás funcionan. Salve los muebles, porque si la señora se marea o, peor, vomita, inevitablemente su pretendida conquista se irá por los mimisimos imbornales junto con las regurgitaciones.

Revise bien el motor antes de la salida, no sea que nos juegue una mala pasada. Puede ser interpretada como un sucio truco para que se haga de noche o quedar engrasados hasta los pelos tratando de arreglarlo y adios romance.

Controle el perfecto funcionamiento del inodoro. Es fundamental.

Si se le ocurre fondear para tener una merienda con conversación más tranquila, busque lugares donde no acostumbre a hacerlo. Si no es así, puede encontrarse a amigos que se les ocurra acoderarse para compartir sus últimas partidas de pesca o que sea un pesado insensible de la situación  que se quede toda la tarde.

Estamos hablando de una primera vez que, a modo de impacto emocional, debe ser perfecta. Si aprueba el bautismo usted puede pensar en navegaciones más audaces como, por ejemplo, izar la mayor.

Si sale a navegar y su acompañante le ayuda a sacar el cubre mayor; mientras usted desamarra, ella ordena toda la comida en su lugar para que nada se caiga al escorar; le ayuda a tomar rizos de mayor cuando el viento aumenta, achica la sentina ese poquito de agua que no saca la bomba eléctrica, siempre está sonriente, dispuesta a ayudar y feliz ante las adversidades, no nos engañe: esa